
Me levanto o por lo menos lo “aparenta”, me calzo las zapatillas de montaña y observo que cada día las veo mas deterioradas, no se si son ellas realmente o que últimamente me veo yo de esa guisa. La suela desgastada, costuras deshilachadas, rozaduras por todas partes, algún agujero en el lateral, pero lo más importante es que aún quieren más batalla, más kilómetros, más parajes desconocidos para ellas, nuevas vistas al horizonte, nuevas zapatillas...